Hola
mi nombre es Carlos Alberto Rodríguez Delgado, de la Diócesis de Linares, y es
un gusto compartir con ustedes brevemente el llamado de Dios a la vida
sacerdotal, que a lo largo de estos ocho años he mantenido firme gracias a las
oraciones de ustedes.
Mi
inquietud vocacional empezó cuando tenía trece años, siempre ayudaba en la
Iglesia de nuestra Señora de los Dolores en Hualahuises Nuevo León, ver
revestirse al párroco me llenaba de admiración, esta inquietud nunca la compartí
con nadie más que con mi hermana menor, creo que por eso no hubo oportunidad de
ir a un seminario a esa edad, ya que nadie me hablaba de la existencia o algún
lugar de formación.
La
vocación se fue perdiendo quizá por el ambiente de la preparatoria, o porque no
hable con nadie sobre esto, pero solo Dios conoce los motivos y él sabe los
tiempos, después de mis estudios estuve trabajando durante cinco años nunca me
separe de la Iglesia, seguía sirviendo, fue hasta Semana Santa del 2004 cuando
surgió la vocación nuevamente, me invitaron a un proceso vocacional en Abril ,
pensé en ir, ya que contaba con
veinticinco años y que ya no era tiempo para aspirar a la vida sacerdotal pero
Dios siempre llama cuando él quiere, “salió al anochecer ven a trabajar a mi
viña” (Mt 20,8).
Me decidí y la
experiencia fue realmente valiosa, pero aun así me quedaron muchas dudas.
Después
viví el pre-seminario durante una semana, la experiencia fue muy enriquecedora,
durante esa semana hice mi opción a la vida sacerdotal, después de esa
experiencia venía lo difícil avisar a mi familia, mi madre y mis hermanos me
apoyaron, solamente mi padre se opuso, fue difícil dejo de hablarme durante un
mes, aun así me fui al seminario poniendo en manos de Dios esa situación, pero
Dios ha sido grande y va poniendo todo conforme a su voluntad, después de dos
mese de mi ingreso al seminario mi padre cambio totalmente gracias a Dios, hoy
es una de las personas que junto con mi madre me apoya en este camino que he
escogido.
Son
muchas anécdotas tristes y alegres que he vivido conforme han pasado estos ocho
años, muchos tropiezos sí, pero que me han ayudado a seguir hacia adelante, a
no mirar hacia a tras, el llamado de Dios sigue, solamente hay que esforzarme
cada día, empuñar el arado y seguir cultivando este don de la vocación que Dios
me ha dado.
Gracias
a Dios ahora me encuentro estudiando en este seminario, donde me han recibido
muy bien, a veces no entendemos los caminos del Señor, la vocación es un don y
que ustedes son parte de nuestra formación, gracias por seguir orando por las
vocaciones sacerdotales, Dios los bendiga.

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