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viernes, 16 de marzo de 2012

Las vocaciones don de la caridad de Dios (segunda parte)


MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
PARA LA XLIX JORNADA MUNDIAL 
DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES




Se trata de un amor sin reservas que nos precede, nos sostiene y nos llama durante el camino de la vida y tiene su raíz en la absoluta gratuidad de Dios. Refiriéndose en concreto al ministerio sacerdotal, mi predecesor, el beato Juan Pablo II, afirmaba que «todo gesto ministerial, a la vez que lleva a amar y servir a la Iglesia, ayuda a madurar cada vez más en el amor y en el servicio a Jesucristo, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia; en un amor que se configura siempre como respuesta al amor precedente, libre y gratuito, de Dios en Cristo» (Exhort. ap. Pastores dabo vobis, 25).  En efecto, toda vocación específica nace de la iniciativa de Dios; es don de la caridad de Dios. Él es quien da el “primer paso” y no como consecuencia de una bondad particular que encuentra en nosotros, sino en virtud de la presencia de su mismo amor «derramado en nuestros corazones por el Espíritu» (Rm 5,5).
En todo momento, en el origen de la llamada divina está la iniciativa del amor infinito de Dios, que se manifiesta plenamente en Jesucristo. Como escribí en mi primera encíclica Deus caritas est, «de hecho, Dios es visible de muchas maneras. En la historia de amor que nos narra la Biblia, Él sale a nuestro encuentro, trata de atraernos, llegando hasta la Última Cena, hasta el Corazón traspasado en la cruz, hasta las apariciones del Resucitado y las grandes obras mediante las que Él, por la acción de los Apóstoles, ha guiado el caminar de la Iglesia naciente. El Señor tampoco ha estado ausente en la historia sucesiva de la Iglesia: siempre viene a nuestro encuentro a través de los hombres en los que Él se refleja; mediante su Palabra, en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía» (n. 17).


miércoles, 14 de marzo de 2012

“LA VOCACIÓN, ENGARCE DE AMOR ENTRE LA INICIATIVA DIVINA Y LA RESPUESTA HUMANA” (primera parte.)


MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI


PARA LA XLIX JORNADA MUNDIAL 

DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES




Las vocaciones don de la caridad de Dios


Queridos hermanos y hermanas

La XLIX Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el 29 de abril de 2012, cuarto domingo de Pascua, nos invita a reflexionar sobre el tema: Las vocaciones don de la caridad de Dios.
La fuente de todo don perfecto es Dios Amor -Deus caritas est-: «quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4,16). La Sagrada Escritura narra la historia de este vínculo originario entre Dios y la humanidad, que precede a la misma creación. San Pablo, escribiendo a los cristianos de la ciudad de Éfeso, eleva un himno de gratitud y alabanza al Padre, el cual con infinita benevolencia dispone a lo largo de los siglos la realización de su plan universal de salvación, que es un designio de amor. En el Hijo Jesús –afirma el Apóstol– «nos eligió antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor» (Ef 1,4). Somos amados por Dios incluso “antes” de venir a la existencia. Movido exclusivamente por su amor incondicional, él nos “creó de la nada” (cf. 2M 7,28) para llevarnos a la plena comunión con Él.

Lleno de gran estupor ante la obra de la providencia de Dios, el Salmista exclama: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para que te cuides de él?» (Sal 8,4-5). La verdad profunda de nuestra existencia está, pues, encerrada en ese sorprendente misterio: toda criatura, en particular toda persona humana, es fruto de un pensamiento y de un acto de amor de Dios, amor inmenso, fiel, eterno (cf. Jr 31,3). El descubrimiento de esta realidad es lo que cambia verdaderamente nuestra vida en lo más hondo. En una célebre página de lasConfesiones, san Agustín expresa con gran intensidad su descubrimiento de Dios, suma belleza y amor, un Dios que había estado siempre cerca de él, y al que al final le abrió la mente y el corazón para ser transformado: «¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, más yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti» (X, 27,38). Con estas imágenes, el Santo de Hipona intentaba describir el misterio inefable del encuentro con Dios, con su amor que transforma toda la existencia.

viernes, 9 de marzo de 2012

JORNADA DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES




LOS TRABAJADORES DE COSECHA R SON POCOS, POR TANTO, ROGAD AL SEÑOR DE LA MIES QUE ENVÍE OBREROS A SU MIES.UNÁMONOS COMO EL CUERPO DE CRISTO PARA ORAR POR LAS VOCACIONES SACERDOTALES  



martes, 6 de marzo de 2012

LA VIDA RELIGIOSA



Vivir la vocación al estilo de la libertad y el encuentro diario con el Señor, en la vida de oración, trabajo y sacrificio por los demás


La vida religiosa como concepto general se encuentra en diversas religiones bajo nombres distintos. Se trata por lo general de una búsqueda contracultural de lo trascendente por parte de un grupo de personas. En muchas religiones se les llama monjes (del griego monos, solo). En el judaísmo los esenios se agruparon en torno a Qumrán. En el cristianismo esta tendencia se manifestó en primer lugar en los eremitas, muchos de los cuales se reunieron pronto en torno a líderes carismáticos como san Antonio (251-356) o Pacomio (comienzos del siglo IV). Fue este último el primero en redactar una regla primitiva y en reclamar obediencia. La forma primitiva consistía en ermitaños que vivían en moradas separadas pero que hacían vida monacal, o que vivían en comunidad; a ambos se les llamó cenobitas (del griego koinobios, vida en común). Pronto empezaron a escribirse reglas, siendo las más conocidas la de san >Basilio (ca. 330-379) y la de san Benito (ca. 480-ca. 550). Tras ellos se produjo un gran florecimiento de la vida monástica, que en tiempos de san >Bernardo (ca. 1090-1 153) andaba muy necesitada de reforma

sábado, 3 de marzo de 2012


El ser  persona es la primera llamada que Dios  hace: a vivir a ser persona  hecha a imagen y semejanza suya, a ser protagonista del propio destino. echos para la vida y para el amor pues Dios es vida y amor

viernes, 2 de marzo de 2012

La Vida Consagrada iniciativa de Dios




Jesús le revela a la persona consagrada el amor del Padre, creador y dador de todo bien, que atrae a si (Jn 6,44) una criatura suya con un amor especial para una misión especial. “Este es mi hijo amado; escuchadle”. (Mt. 17,5) es lo que dice el Padre al alma de la persona invitada por una atracción interior a confiar en el amor de Jesús, que la quiere en intima relación y en total consagración a él y a su designio de salvación.